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Es más: agradezco tu opinión, siempre que la formules con el debido respeto. Aunque discrepes de mis ideas, sé que te preocupan los mismos problemas que me preocupan mí. Esos problemas que acechan a España y a los que entre todos hemos de encontrar solución, si queremos evitar que el barco se hunda.
Thyratrón de Argón
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martes, 3 de julio de 2007
lunes, 14 de mayo de 2007
Calzada romana, o forjando Imperio.
Siempre que subo recuerdo lo mismo. Los pensamientos son los mismos. El primero es para la ingeniería romana. Mentalmente me voy al acueducto y como no sé si en época de Trajano se conocía el fenómeno de vasos comunicantes, me quedo sin saber sí el acueducto se pudo evitar y sustituir por un conducto cerrado. sobre el propio desnivel que salva, sin necesidad de las arquerías. Creo que sí que se conocía el fenómeno. Pero lo seguramente decidió fue que los materiales conocidos entonces no soportarían las presiones hidráulicas. El caso es que vencieron a las fuerzas telúricas en beneficio de la población que fue abastecida de agua.
El caso de la calzada es tremendo. No existió paso a través de Guadarrama, lo que antes llamábamos Cordillera Carpetovetónica, salvo el de la calzada hasta metidos en el siglo XVIII en que se abrió el Alto de los Leones ( yo seguiré diciendo de los Leones mientras viva, pues la gesta no la olvido, ni la de unos, ni la de otros ). Los pasos por Somosierra y por Navacerrada son posteriores. Una vez leí que es difícil entender que la subida fuese por donde la conocemos, pues otros trazados por el mismo valle son mucho más cómodos. Pero estos trazados aparentemente no tienen piedras de sillería perfectamente trabadas. La calzada en ciertos tramos sí. ¿Será que la calzada no era una calzada, sino una atarjea o descarga de aguas residuales?. Esto no tiene sentido a mi juicio, pues el propio río cumpliría con este fin. Por otra parte la anchura es sobredimensionada para personas y caballerías y si que tiene tamaño para carros. Aunque es duro de aceptar que un carro pudiera subir por las pendientes que hoy conocemos. Por otra parte creo que la altitud es en este paso la mayor de todas las de los diferentes pasos. Esto tampoco ayuda mucho a aceptar la situación. Pero por otra parte están los dos puentes, que si bien son reconstruidos, por algo se reconstruirían. Lo que si hace la calzada es un zigzag que nos hace ver el río unas veces a un lado de la marcha y otras al otro lado, esto es para suavizar la pendiente, lo que no se hace pensando en bajada de aguas.
Bueno. Que siempre me quedo igual. Y siempre pienso lo mismo de los ingenieros romanos ( lo hago con visión de hoy ). No se si sabían mucho o un poco menos que mucho. Pero si sé que resolvían los problemas. Y lo mismo que llevaron el agua, facilitaron el paso a las personas. Abrieron paso a la civilización. A una civilización que venía de Roma. Imperio que aglutinó las bondades de las civilizaciones que conquistó. Que extendió su habla, su derecho, sus costumbres. Y que a nosotros los españoles nos hizo ciudadanos del Imperio lo que supuso la unidad de los pueblos de la Península en diferentes territorios. Que, a favor o en contra, permitió la difusión del cristianismo en su versión helenística. Y de forma definitiva, con sus periodos negros, consolido la unidad de los pueblos de Iberia.
Los romanos, o sea nosotros mismos, forjaron y forjamos un Imperio. Luego ese Imperio se dividió, bien porque era difícil de controlar o bien para dar satisfacción a herederos diferentes. Luego pasó lo que paso y los bárbaros, que no eran tan bárbaros, se hicieron con la situación. Primero en Occidente y mil años después en Oriente.
Escribo todo esto para que sirva de reflexión, de unos y de otros. Abrir caminos, extender la civilización es forjar imperios. Encerrarse en si mismos, destacar lo peculiar frente a lo común , ensalzar el aldeanismo y la paletería frente a lo universal es derribar los imperios, o las naciones. ¡ Cuidado! Que hoy puede haber similitudes. La idea debe ser ir siempre hacia delante, nunca hacia atrás.
viernes, 4 de mayo de 2007
Más sobre Galicia
Amigo Don Thyratrón de Argón:
Tengo una visión de Galicia, la Galia, diferente pero en el fondo muy parecida. Viene de hace ya muchos años. Primero conocí la Galicia del interior, un pueblo de Orense. Muy atrasado. Era yo un niño y me llamaban la atención muchas cosas. El agua se sacaba de un pozo con una bomba aspirante impelente, como en las películas del Oeste. Luego conocí la Galicia militar. La de las bases navales de Marín y El Ferrol . La Galicia marinera de la pesca, la navegación y los astilleros. Esta era distinta de la otra, más moderna en apariencia pero atrasada, pobre y abandonada. Galicia tan cerca y tan lejos no ha gozado, o padecido, del desarrollo de las zonas costeras del Mediterráneo. No ha figurado en los esquemas y proyectos del turismo. Casi mejor, pero ni las comunicaciones fueron las mejores, ni supero su retraso, ni tuvo el merecido desarrollo. También conozco Galicia desde el lado de allá, es decir desde la mar. A mi gusto todavía mejor que desde acá.
Bueno va a parecer que estoy enamorado de Galicia. No es verdad. De la tierra de la que estoy enamorado es de España. Y eso que mi enamoramiento, mi patriotismo, viene por el camino amargo de la crítica. Yo sé distinguir entre la dulzura de la gaita, los verdes prados y su venenosa sensualidad, y las notas de la lira tan ricas en empresas. Yo sé distinguir entre lo sensible y lo intelectual. No veo en la patria el arroyo y el césped, la canción y la gaita, veo un destino, una empresa. La patria es aquello que, en el mundo, configuró una empresa colectiva. Sin empresa no hay patria; sin la presencia de la fe en un destino común, todo se disuelve en comarcas nativas , en sabores y colores locales. (Creo que esto ya lo dijo alguien).
Por eso amigo Thyratrón no le extrañe lo que ha visto. Ha visto lo que hay. La gaita sobre la lira. Que es como decir la barbarie sobre la civilización. La edad media frente a la moderna ( vea que no digo contemporánea ). Lo local sobre lo nacional. La aldea frente a las misiones en el entorno europeo y mundial. El paramimismo frente a la proyección al exterior. El acabose frente al aquí estamos. La inmanescencia frente a la trascendencia. Todo una pena desde mi particular punto de vista.
Pero el mundo no se acaba aquí, ni hoy. La vida sigue y esa circunstancia la vamos a aprovechar, tanto Ud. como yo. Hay cosas que no nos gustan, pero las cosas pueden cambiar. Sobretodo si somos capaces de cambiarlas. Y ese debe de ser nuestro compromiso y de aquellos que sientan y piensen como nosotros. Es necesario que aunemos voluntades y le digamos a los españoles, primero y después a España
Que queremos un destino común. Que queremos una proyección al exterior. Que queremos fortalecer la unidad de España, porque creemos en su eterna metafísica . Que no queremos ser ni pueblerinos, ni aldeanos. Que nos gusta más la Historia del Cesar Carlos que la de los comuneros. Que reclamamos la primacía para alumbrar horizontes. Que con el rumor de la faena vamos a formar el latido que de vida a una nación que va a volver a ser Y ese volver ser va a consistir en alzarse sobre sus cenizas, como el ave fénix, y volar con majestuosidad, con vuelo imperial, como el águila que nunca dejo de ser.
Un saludo de,
domingo, 29 de abril de 2007
Una de historia: el escudo de España

Puedes rescatar de esta dirección una presentación en powerpoint en la que se cuenta la historia de la bandera y escudo de nuestra nación. Para ello, pincha en el enlace y sigue las instrucciones picando en "free" y luego inserta la clave que se genera en la casilla "here". Finalmente, pulsa en "download from ..." y lo guardas en tu ordenador.
¡NO es cierto todo lo que te han contado!
miércoles, 25 de abril de 2007
El gallego
Sin afán de molestar a nadie, creo que el idioma gallego es un español mal hablado. Galicia ha sido hasta hace relativamente poco un territorio pobre de solemnidad cuyos naturales se han visto forzados por siglos a la emigración para ganarse honradamente la existencia. No lo han tenido fácil los gallegos durante muchas generaciones: una economía agraria en una tierra muy dividida; la dureza de la vida de los pescadores, arañando de la mar un fruto que solo tenía una salida local, como mucho el mercado de la capital más cercana (Orense, Lugo …) donde la pequeña burguesía podía permitírselo.
La pobreza se acompaña frecuentemente de un déficit cultural y ese ha sido durante siglos el caso gallego. No hace tantos años, digamos en las postrimerías del franquismo, hice mi primer viaje a la Galicia profunda. No hablamos de zonas turísticas ni de grandes poblaciones, no. Me refiero la Costa da Morte y las pequeñas aldeas solo accesibles entonces por caminos rurales sin asfaltar. Al llegar a cualquier pequeño pueblo, recuerdo ser objeto de escrutinio, entre desconfiado y curioso, de aquellas gentes, asombradas de que alguien fuera tan intrépido de acercarse por aquel camino por el que tanta gente se había ido para no volver jamás.
Una noche, cansado de andar, mis huesos hambrientos dieron en llegar a una minúscula aldea. Las luces de las casas apagadas contrastaban con un caserón del que salían a la vez recias voces ininteligibles y, por las rendijas de la puerta, desbordantes chorreones de luz. Era a la vez un colmado, donde se vendían todo tipo de productos de alimentación, tabaco, jabones, etc. y una especie de taberna en la que los lugareños, entre gritos, jugaban a las cartas mientras otros miraban y todos bebían. El chirrido de la puerta al abrirla fue el principio de un largo y espeso silencio, en el que sentí clavados sobre mi humilde persona decenas de pupilas escrutadoras.
Forcé la voz para dar aire de seguridad a un ¡Buenas noches! que fue contestado por una especie de múltiple rugido entre dientes. Poco a poco, según me acercaba a la barra, todo fue tornando a la bulliciosa normalidad preexistente. La barra era exageradamente alta, como si de forma deliberada se buscara que nadie de estatura normal pudiera apoyarse sobre ella. Me pareció que alguien gritaba: ¡Maruxa!. Al poco apareció una mujer vestida de negro con un delantal y un pañuelo gris a cuadros sobre la cabeza. No soy capaz de calcular qué edad tendría, desde luego no era joven, pero está claro que no era tan vieja como parecía. Se me quedó mirando y dijo algo que no entendí. Le pedí si tenía algo para cenar. Está claro que la mujer me entendió porque me llevó a la trastienda donde me hizo acomodar en una mesa. A partir de ahí mi situación comenzó a mejorar de forma acelerada. La mujer me trajo pan y vino. Le entendí que su hijo había cogido por la tarde unos pescados que, al poco, me trajo fritos. La mujer no hablaba el español y eso le producía una sensación de vergüenza que yo entendí inmediatamente. Por eso, cada vez que ella hablaba, yo movía la cabeza afirmativamente como si la hubiese entendido, aunque sospecho que su sagacidad le hizo comprender enseguida que nuestra comunicación era muy pobre.
La cena se completó con unos huevos fritos con patatas como no los había comido en mi vida. Auténticos, de corral. Estoy seguro que las gallinas de aquella señora tenían su propio nombre y, casi me atrevería a decir, que eran felices.
Todo lo que cuento en esta historia, lo tengo vívidamente grabado en mi memoria. Pero lo que no olvidaré nunca es la percepción de que aquella bondadosa mujer estaba realmente avergonzada de no saber hablar el español. Tan no lo hablaba, que puedo asegurar que hacía verdaderos esfuerzos por que le entendiera en una mezcla de gallego y español que, a buen seguro, no era lo que hablaba con sus vecinos de aldea.
Han pasado los años. Se han abierto nuevas vías de comunicación, los caminos de antaño son hoy autopistas. El teléfono, la radio, la televisión e incluso el internet, llegan hoy a todos los rincones del territorio nacional, por difícil que sea su orografía. La enseñanza es obligatoria y gratuita. Todos los niños van hoy a la escuela. En fin, se ha elevado el nivel cultural hasta cotas insospechadas.
Por el camino, algún político, que si hablaba español, sin ningún pudor, sin ninguna vergüenza, se dijo: “Es verdad que el gallego es un español mal hablado, pero es nuestro. ¡Potenciémoslo!¡Que todo ciudadano de Galicia hable gallego! Y mientras le tenemos ocupado en ello no se dedicará otra cosa.”
Y de este modo, ahora que hay cultura. Ahora que hay medios y maestros para que en cada rincón de Galicia se hable un perfecto español, con el que el natural de esa tierra puede entenderse perfectamente con cerca de 500 millones de seres humanos, ahora …
Ahora es el momento de invertir esfuerzos y dinero en hablar español mal hablado. Ahora aparecen los políticos locales, torturadores y caciques de aldea, preocupados en seguir viviendo a costa del humilde ciudadano, mientras le cortan las alas para que no pueda volar lejos, no vaya a ser que se les escape. Puff, “Dios que buen vasallo, si hubiera buen señor”
El ZPelele del gran Francisco de Goya